David Hume entendía que todo conocimiento deriva en
última instancia de la experiencia sensible, siendo esta la única fuente de
conocimiento y sin ella no se lograría saber alguno.
Cree que todo el conocimiento humano proviene de los sentidos. Nuestras
percepciones, como él las llamaba, pueden dividirse en dos categorías: ideas e
impresiones. Así define estos términos en Investigación
sobre el entendimiento humano: “Con el término impresión me refiero a
nuestras más vívidas impresiones, cuando oímos, o vemos, o sentimos, o amamos,
u odiamos, o deseamos. Y las impresiones se distinguen de las ideas, que son
impresiones menos vívidas de las que somos conscientes cuando reflexionamos
sobre alguna de las sensaciones anteriormente mencionadas”. Más adelante precisa el concepto de las ideas,
al decir «Una proposición que no parece admitir muchas disputas es que
todas nuestras ideas no son nada excepto copias de nuestras impresiones, o, en
otras palabras, que nos resulta imposible pensar en nada que no hayamos sentido
con anterioridad, mediante nuestros sentidos externos o internos». Esto constituye
un aspecto importante del escepticismo de Hume, en cuanto equivale a decir que no
podemos tener la certeza de que una cosa, como Dios, el alma o el yo, exista a menos que podamos señalar la impresión
de la cual, esa idea, se deriva.
No hay comentarios:
Publicar un comentario